dimarts, 14 d’agost de 2012

UN SOMIER ANTIRUIDOS CAUSA FUROR EN LA RED

        Se llama “no más ñiki-ñiki” y es el primer invento de un joven alicantino, estudiante de ingeniería. Se trata de un conjunto de somier y colchón, de al menos metro y medio de ancho, que incorpora un total de 92 piezas pequeñas en su interior. ¿El objetivo? Ser el más silencioso del mundo. El propio inventor, Arturo Casanova,  se explicaba ante los micrófonos: “La necesidad es la madre de la invención, pues en este caso la necesidad era evidente: ni yo ni ninguno de nuestros amigos o amigas encontraba un colchón que nos gustase”.

        Y es que según parece fue la propia experiencia personal la que le llevó a buscar con insistencia un somier que no despertara, a veces literalmente, la curiosidad de los que le rodean. “Tengo que decir que he disfrutado mucho de mi etapa universitaria, ya me entienden. Uno viene de fuera a la capital y se encuentra un colegio mayor lleno de jóvenes como tú, deseosos de experimentar, y unos “sistemas de descanso” de treinta años atrás, aderezados con unas paredes de papel de fumar. La primera semana los de la habitación de al lado me pusieron un cartel de “no molestar” en la puerta. Y en casa de mis padres era peor, había veces que hacíamos una especie de trenecito. Empezábamos nosotros y, por orden, seguía el resto de los pisos. Esto no podía seguir así”. El propio inventor probó su invento una y otra vez hasta conseguir el somier perfecto. “Fueron meses de sexo desenfrenado y variado. Altas, bajas, rellenitas, delgadas, fogosas, tranquilotas… creo que perdí algún año de vida en ello, llegué hasta a investigar el “síndrome de muerte por kiki”, pero ha valido la pena”.

        Efectivamente, en pocos meses está a punto de recuperar la inversión, y eso que el producto es un poco caro comparado con los de su género, “pero es que hay cosas que no se pueden pagar”, se justifica su inventor. Su página web, www.nomasñikiñiki.com, es récord de visitas en lo que va de mes, y está teniendo mucha acogida entre los jóvenes. “Acabamos de comprarnos un estudio mi novio y yo, y la vecina es muy cotilla”, dice una joven valenciana “ya he encargado uno”. Otro chico más joven también se muestra interesado, “voy a intentar convencer a mis padres para que se compren uno. Siempre será mejor que irse de casa”.

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